sábado, octubre 22, 2005

Programas esquizoides


El apoyo al emprendimiento… no siempre su foco apunta hacia el lugar adecuado.

El Gobierno de Chile tiene algunos programas de promoción social. Curiosamente a partir de ellos se hace fomento productivo. Y la tarea queda incompleta, pues se convoca a los beneficiarios –usuarios le llama el gobierno-, a organizarse en función de una lógica y son embarcados en otra distinta para la que no hay programa que les de soporte. Aquí les va un ejemplo.

El Programa Orígenes, orientado hacia la población indígena de nuestro país, de inspiración Banco Mundial. Dentro de una batería de beneficios que les son entregadas a las comunidades y/o asociaciones indígenas, existe una cantidad de dinero disponible para financiar proyectos que sean de interés de la comunidad. Estamos hablando de montos disponibles de poco más de tres millones y medio por proyecto. Hasta aquí todo bien. Aparentemente.

La esquizofrenia comienza cuando en la mayoría de los casos la situación de privación de la comunidad los impulsa a proyectar ideas tendientes a generar empleo. Entonces ocurre que con estas platas se generan micro-empresas con un carácter que no termina de ser aprehendido por la comunidad. Uno, porque es ajeno a ellos la noción de empresa; y dos, porque en la mayoría de los casos son ideas de negocio que apelan al universo de oportunidades que supuestamente hay en la industria turística. Cuando estas personas toda su vida han criado dos o tres vacas, cerdos o corderos para la subsistencia y han tenido una chacra, todo en un terreno de no más de 5 hectáreas en promedio.

Luego, con tres millones y medio en Chile te alcanza más o menos para habilitar una microempresa. Pero te quedas corto si quieres acceder a capacitación en gestión de negocios, comercialización o en servicios turísticos. Lo que quieras. No te alcanza. ¿Qué hacer entonces? El mismo gobierno te respondería que tiene para ti una franquicia para capacitación. El te descuenta de tus impuestos las platas que hubieses ocupado para capacitarte y para capacitar a tus empleados –hasta $380.000 por cada año tributario, en el caso de las microempresas-. Pero para acceder a esas otras platas hay que ser empresa formalizada: con iniciación de actividades, empleados contratados y con planilla de imposiciones al día, con patentes municipales y los permisos sanitarios al día, también… Y estamos hablando de campesinos pobres, trabajadores por cuenta propia, de baja o nula escolaridad.

No sé si me explico. Sectores populares cuyas relaciones internas y para con el Estado son estructuradas en función de formas de asociaciones gremiales. De su gestión resulta que se forman micro-empresas; las cuales no llegan a tener siquiera un carácter de “comunitaria”. He visto varios casos de capacidad técnica instala que no es utilizada porque no hay cobertura para emprendimientos de esta naturaleza.

Para llegar a eso, una regadera de elefantes blancos desperdigados por los campos del sur, mejor desde el inicio formar cooperativas campesinas. Recuperar la capacidad técnica instalada que está ociosa o a media máquina. Y orientar los instrumentos de fomento productivo hacia ése sector. Lo demás, seguir como hasta ahora, solo genera más plata mal invertida, más frustración y exclusión en las zonas rurales y en la población indígena y más clientelismo… En todo caso, no me extrañaría que para el gobierno en el clientelismo estuviese precisamente el negocio.

1 comentario:

SMB dijo...

falta mucho aún para que los programas gubernamentales de "responsabilidad social" efectivamente funcionen como tal.

Excelente post.

Abrazos.